M I G U E L T A D E O
«LA ORIGINALIDAD RADICA EN LA IGNORANCIA DE QUIEN LA CONTEMPLA»
Por qué decir con mis palabras lo que pienso, si otras personas ya lo expresaron de la forma más perfecta posible:
“La cuna nos mece sobre el abismo y el sentido común nos dice que la existencia no es más que un atisbo de luz entre dos eternidades en tinieblas” (Vladimir Nabokov)
“Tan solo la expresión puede dotar de realidad a la realidad. Y la realidad no está en la realidad, sino solamente en la expresión” (Yukio Mishima)
Existe una gran diferencia entre escribir para uno mismo y escribir para los demás. Cuando escribo para mí, lo hago por apaciguar o clarificar ciertos pensamientos enrevesados, como una panacea amarga. Si otras personas van a leerme, debería transformar un discurso sátrapa y crudo en algo democrático y legible, postmoderno en definitiva, donde el onanismo desaparece con la figura del intérprete. Sin embargo, es en la pintura donde expreso la visión que tengo de una verdad desnuda, si me permiten la licencia poética. Por lo tanto, escribir de una forma incoherente con esa armonía me convertiría en uno de tantos fallecidos intelectualmente por la tendencia...
Pues bien, es tendencia que el artista haga una declaración para facilitar la comprensión y venta de su obra.
Mi labor la llevo a cabo en un pequeño piso de Madrid, concretamente en una estancia de reducido tamaño que sirve tanto de salón-comedor como de íntimo estudio y en donde los olores de la cocina y la pintura conviven con la luz que baña el espacio. Comparto totalmente las afirmaciones del artista Andrew Wyeth que cito textualmente: “Soy un fanático de la pintura. Estoy obligado a seguir ese camino. Es una necesidad perentoria. Contar con un buen tema me hace feliz, pero luego paso por un infierno hasta que lo consigo. Necesito una conexión clara con él.” Considero que un cuadro no se acaba, se abandona. Es un mensaje complejo de dudoso final y debería impactar y almacenar una idea de misterio que denote su atemporalidad. Quizás por eso disfrute con el desnudo, porque dota a la obra de ese carácter atemporal que a su vez remarca nuestra fragilidad.
No provengo de una familia de pintores ─aunque desde pequeño contemplaba en mi entorno cierta habilidad e interés por el arte─ y la única formación artística que poseo se remonta a mis dieciséis años, en el clásico taller de maestro-aprendiz. Recuerdo por entonces vivir una de las épocas más felices de mi vida. Enfocado durante un año exclusivamente al dibujo, me preparaba para superar la prueba de acceso a la carrera de Bellas Artes que, dada la sensibilidad, se presentaba como mi única opción posible.El aprendizaje llegó a ser tan intenso que habitualmente expulsaba mucosidades negras debido a la inhalación del polvo del carboncillo. Tras aquella entrada en lo desconocido, comencé a vislumbrar toda la pasión y las ganas de saber que me suscitaba. Sin embargo, el destino hace buena pareja con la ironía y mi examen de admisión fue denegado, lo cual me dejó en un punto muerto, sin saber qué camino tomar. Meditándolo ahora, confieso que este suceso fue providencial.En este punto, mi futura formación viró hacia dos carreras de Restauración de Bienes Culturales, abriendo ante mí los conocimientos técnicos del arte antiguo. A lo largo de los siguientes años me especialicé en documento gráfico, aumentando mi amor por los libros y completando así el orbe técnico y teórico. Paradójicamente, a un restaurador le está totalmente prohibido el uso de habilidades artísticas al tener como norma ser completamente fiel a la obra y su creador. Tanto es así que hasta entonces no tuve interés alguno por pintar. Esta sequía creativa y el hecho de no formarme a través de una carrera artística ratificó mi nula necesidad de pintar en compañía y debatir sobre las formas de expresión de cada cual. Por ello nunca he pretendido formar parte de ningún grupo o tendencia de estilo. Mi naturaleza y trabajo se han regido fundamentalmente de una profunda soledad que intento tener presente, pues sé que te vence cuando la olvidas.Miguel Tadeo, 2017.



